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miércoles, 25 de febrero de 2015

Tu manicura podría desvelar tu capacidad de éxito.

Me estaba haciendo la manicura francesa y una amiga que me acompañaba me preguntó: "Donde has aprendido a hacerla? Yo, un poco extrañada por la pregunta le dije... -Bueno, no requiere estudios... Se pone el esmalte blanco en la punta y cuando seca se esmalta la uña completa con brillo.- Mi amiga me miró irónica y dijo: -Hasta ahí llego... Pero, en serio, como consigues que la punta blanca te salga tan bien.... Recta, sin salirte por los bordes, y simétrica? - y continuó -cada vez que lo he intentado, el borde blanco parece la carretera del "Muriano" (las dos somos cordobesas y ésa carretera fue famosa en tiempos por sus tremendas y peligrosas curvas) Yo la miraba y la escuchaba intentando entenderla y a la vez reflexionaba sobre eso en lo que yo jamás había pensado. Pero ella continuó -y el colmo es pintarte la mano derecha con la izquierda, siendo diestra! Debes tener un pulso excelente! Y no me vengas ahora con alguna de tus teorías.... tienes buen pulso y punto! - exclamó con esa autoridad que otorga haber pasado juntas gran parte de la vida. 
Me conocía perfectamente, estaba a punto de teorizar, y como era amiga, le dije que tenía razón que se me daba bien y punto...  Pero ya me vais conociendo y me cuesta callarme mis teorías, por lo que ahí va: 

Era cierto que mis uñas estaban simétricamente pintadas y es cierto que no era la primera persona que me lo decía,  -pero la realidad es que no tengo técnica alguna- pensé... Nadie me había enseñado a hacerlo y nunca me había fijado como lo hacían las esteticiens más allá de la rapidez de su ejecución.  Y al pensar esto, vino a mi mente la clave: Ausencia de miedo a equivocarse. 

Una esteticien no tiene ningún miedo a equivocarse en la ejecución, puesto que como va a estar todo el día haciendo lo mismo, le importa poco tener que quitar el esmalte y empezar de nuevo. De ahí que muevan el pincel con esa rapidez que, por un lado, evita que se dude en el proceso (lo que si podría generar feas curvas blancas en la punta de la uña) y por otro, si se equivoca, no pasa absolutamente nada... borra y vuelve a empezar. Luego, el hábito es lo que las convierte en expertas. Expertas valientes! 

Supongo que nunca reflexioné sobre esto mientras me hacía la manicura, pero una vez mas, el valor (o ausencia de miedo) vuelve a ganar la batalla. Incluso para las cosas mas pequeñas se requiere valentía y repetición. 





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