
Hace años me contaba una vendedora de Time Sharing que en cierta cadena hotelera americana les formaban en ventas con técnicas bastante agresivas. Cuando un cliente se interesaba por la compra de ese "extraño producto" de TimeSharing (permitidme subjetividad, pero nunca me atrajo demasiado), ponían en duda su poder adquisitivo para que éste mostrara aún más interés, al sentirse menospreciado. Como me costaba creer algo así, pedí acompañarla un día para ver cómo se hacía aquello y qué resultados tenía.
Tuve la oportunidad de presenciar que tras escuchar al cliente y contarle muy por encima lo que le podían ofrecer, mostrando además poco interés en la venta, le decían una frase que venía a ser más o menos como: "no estoy segura de que ésto sea para ud" haciendo clara alusión al "nivel" de aquel producto vs el "nivel" del cliente. Pude ver tres reacciones, dos de ellas, me sorprendieron, la tercera es la que yo esperaba que fuera natural. Dos de los potenciales clientes "menospreciados" arrugaron el ceño, miraron a su mujer con cara de "ésta que se ha creído" y automáticamente pidieron ver el apartamento piloto. El tercero, contestó de forma elegante pero firme diciéndole a la señorita: "efectivamente, señorita, ésto no es para mí" su tono irónico era palpable.
Esta última reacción me pareció la más normal, sin embargo, según me contaban era la menos habitual. De cada 10 clientes tratados de esta forma, ocho reaccionaban "con rabia" y pedían ver el producto.
No voy a discutir que no fuera una técnica efectiva, a los hechos me remito. El orgullo herido es una emoción que provoca reacciones contrarias a nuestros intereses y estaba claramente diseñado para que así fuera. Esto no deja de ser una venta "emocional" como tantas otras que vemos cada día en la TV, o que utilizamos nosotros mismos para atraer a nuestros clientes pero, en éste caso, realmente el sabor de boca que dejaba, al menos para mí, tenía un regusto amargo.
Bien es cierto, que luego, la hábil vendedora, una vez teniendo a los clientes "metidos en toriles" y encaminados hacia la compra casi segura, suavizaba su tono, se convertía en el ser más carismático del mundo y se ganaba a los clientes, convirtiendo este mal principio en una compra efectiva.
No puedo dejar de tener sensaciones contradictorias al respecto, pero creo que acabo preguntándome: "Vale todo... con tal de vender?

