Hace años que defiendo el liderazgo desde la motivación, la implicación y la contribución al desarrollo. Siempre he creído que cuando el centro es la persona, el crecimiento es progresivo, afectando positivamente a la productividad del individuo y a la contribución que éste ofrece al equipo y/o empresa.
Sin embargo, desde ya hace algunos años, observo con más frecuencia de la que desearía que existe una visión bastante equivocada sobre lo que es fomentar el buen clima y la motivación y cómo en muchas ocasiones se confunde MOTIVACIÓN con PERMISIVIDAD.
En ocasiones tengo la sensación de haber pasado de la era de la "dictadura profesional" donde la prohibición a pensar mutilaba nuestras capacidad de crecimiento a la "anarquía profesional" donde existe tan poco estímulo que el esfuerzo casi ha perdido su valor.
Las técnicas psicológicas que existen, basadas en el uso de la inteligencia emocional, están diseñadas para sacar el máximo rendimiento a las personas. Cuando se habla de "centrarse en la persona", lo que se pretende es que esa persona crezca profesionalmente y que esto además repercuta positivamente en la empresa.
Que exista "buen rollito" en el departamento y/o empresa no es sinónimo de motivación y mucho menos señal de que este hecho vaya a repercutir positivamente en el negocio.
Motivar y contribuir al desarrollo supone un esfuerzo continuo tanto por parte del que motiva, que lógicamente debe dedicar esfuerzos a realizar un seguimiento y ofrecer feedback inteligente, y por el "motivado" que debe demostrar su capacidad de implicación, de esfuerzo, etc.
No hay nada más lejos de la motivación que ser permisivo con el equipo. Como todos sabemos, la asertividad es una de las cualidades más preciadas en un buen líder, pero si confundimos esta habilidad con la permisividad estaremos obteniendo un resultado totalmente contrario al deseado.
Motivar no es perdonar los fallos. Perdonar los fallos es el camino directo para que la persona en cuestión fracase como profesional. Motivar no es ser protector y paternal.
Motivar es ofrecer el feedback adecuado, de la forma adecuada para que esa persona sepa exactamente qué es lo que está haciendo, cómo lo está haciendo y que efectos está causando, bien sean positivos o negativos.
Motivar es reforzar las emociones para que el esfuerzo sea menos costoso, pero exigiendo el esfuerzo, no perdonándolo. (Cuando nos sentimos valorados, retados positivamente, estimulados al esfuerzo, a gusto, felices con lo que hacemos y con quienes nos rodean, éste esfuerzo resulta menor, siendo el mismo)
Motivar es contribuir al aprendizaje, provocando la superación contínua y ésto solo se consigue a través del esfuerzo y la pasión por lo que hacemos.
Motivar es tener la capacidad de conseguir que la persona en cuestión sienta pasión por lo que hace. Imprimir pasión en otro requiere de un gran esfuerzo y constancia. (Solo se puede provocar pasión en otro a través de la pasión propia)
Siendo permisivos, paternales y protectores difícilmente llegaremos a este contagio de emociones.
Resumiendo diré que la motivación está muy lejos de ser una "habilidad blandengue"... que el uso de la inteligencia emocional está más lejos aún de "líderes débiles" (si es que un ser débil pudiera ser un líder).
El buen uso de las técnicas basadas en la inteligencia emocional lo que requiere es una tremenda fortaleza, firmeza y exigencia con los demás y con uno mismo... eso sí, transmitidas en la forma idónea para que el mensaje haga la mella que debe hacer y finalmente repercuta positivamente.
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